jueves, 7 de noviembre de 2002

Paremos un segundo Aznalcollar en Extremadura

Recientemente ha salido a la luz el Estudio de Impacto Ambiental de la Mina de Aguablanca, proyectada en el término municipal de Monesterio.

Debido a sus múltiples e irreversibles afecciones, diversas organizaciones conservacionistas de ámbito estatal y regional – Amus, Asso, Cúriga, Adenex, SEO/BirdLife y Ecologistas en Acción de Extremadura - , han manifestado su oposición a la realización del proyecto tal y como se ha planteado.

El proyecto minero, consistiría básicamente en una inmensa mina de Níquel a cielo abierto, ubicada en una zona de monte mediterráneo en magnífico estado de conservación. La auténtica magnitud de la mina la dejan patente datos como el tamaño de la escombrera, que sepultará más de 100 Has. y tendrá más de 40 m. de altura, o el de las balsas de residuos tóxicos, de 100 Has. y situadas en la cuenca del río Cala. Las características de las balsas son similares a las de la tristemente famosa de Aznalcóllar, así como las probabilidades de accidente, dada la inestabilidad geología de la zona. En caso de que éste ocurriese, los daños se extenderían a aguas catalogadas de Importancia para la Ictiofauna, llegando a aguas de consumo humano e incluso a la ciudad de Sevilla.

Por otro lado, la mina junto con las infraestructuras anejas, supondrá la destrucción de más de 350 Has. de vegetación natural y el arranque de unos 30.000 árboles. La zona cuenta con elementos vegetales de notable importancia, como bosquetes relíctos de quejigo, tamujares, vegetación riparia en excepcional estado de conservación, diversas especies de orquídeas, o la única representación de bosque de alisos en la provincia de Badajoz, así como con especies faunísticas tan emblemáticas y amenazadas como la Cigüeña negra – criando a escasa distancia de la zona y habiéndose registrado concentraciones de 35 ejemplares en el inmediato embalse del Romeral-, Nutria o incluso Lince Ibérico.

Por si todo este repertorio de agresiones ambientales fuese poco, la mina ocupará unos 4 km. del cordel Sevilla-Almonte, importante vía pecuaria de dominio público.

El impacto social y económico sobre la zona será negativo y definitivo, siendo un ejemplo de desarrollismo salvaje y no perdurable, al reducirse la explotación a tan sólo 11 años, creando además escasos puestos de trabajo. Se verá destruida la potencialidad existente en la zona para encauzar el desarrollo económico hacia alternativas sostenibles y perdurables, como el turismo rural, la ganadería extensiva – máxime cuando estamos hablando de una zona que puede considerarse como el corazón del ibérico -, los aprovechamientos silvícolas tradicionales, etc,..

A pesar de todo ello, el Estudio de Impacto Ambiental que ha presentado la multinacional Gol Mines Río Narcea, carece del más mínimo rigor y presenta grandes carencias y fallos, por lo que no puede considerarse como un estudio válido. Resulta también inquietante el que no se presenten medidas correctoras definidas que ofrezcan unas mínimas garantías.

Así, las organizaciones mencionadas, consideran poco sensato el apostar a ciegas por un modelo de desarrollo agresivo que no sopese detenidamente los inconvenientes, del que es una clara muestra la mina de Aguablanca. Para abordar un proyecto de tal envergadura es necesario contemplar los pros y los contras, plantear alternativas – de explotación y de desarrollo -, y estudiar minuciosamente los impactos ambientales y socioeconómicos, pues si bien es cierto que los recursos han de ser explotados, no lo es menos que no ha de ser a cualquier precio.