miércoles, 16 de mayo de 2018

AMUS no debe desaparecer



Los extremeños no podemos permitirnos el lujo de que un hospital de fauna salvaje de alto nivel, como el de AMUS, eche el cierre por la falta de apoyo y reconocimiento de la Administración a su labor
La marca diferenciada de Extremadura es ser uno de los paraísos naturales de Europa y albergar sus últimos reductos de biodiversidad. No se puede dar la espalda a decenas de voluntarios y profesionales que llevan toda la vida trabajando para conservar este patrimonio.
En general todas las ONG de defensa del medio ambiente extremeñas han sido excluidas de ayudas y convenios de funcionamiento relevantes desde 2012,  en una clara política hostil de la Administración autonómica hacia su labor
La ONG AMUS lleva 23 años trabajando para levantar lo que hoy es el segundo hospital de fauna salvaje de Extremadura y uno de los más importantes y punteros de España. Se ha convertido en una entidad de referencia internacional en su campo, recibiendo y tratando a más de 1000 animales cada año, con cientos de voluntarios de toda Europa y decenas de profesionales que se han formado y en muchos casos, innovado en el complejo campo de la atención veterinaria de fauna salvaje.
Debemos sentirnos orgullosos de todos aquellos extremeños que velan y trabajan para conservar la riqueza natural de Extremadura y promocionan esta riqueza en todo el mundo, como elemento diferenciador y patrimonio de nuestra región. Su trabajo es tan digno de respeto y apoyo como el de nuestros médicos, profesores universitarios, maestros, empresarios y el de todos esos profesionales serios que luchan por poner en el mapa mundial a esta tierra olvidada gracias a su sacrificio, a su generosidad, a su humildad, a su alto nivel de preparación, a su seriedad y a su entrega. 
Una sociedad sin cultura ambiental está huérfana de valores que hoy en día son básicos para nuestro futuro: calidad de vida, salud, bienestar… Si no cuidamos el medio ambiente y valoramos el trabajo de los que velan por ello, no tenemos cultura ambiental. Esto debería partir de las exigencias propias de nuestras instituciones públicas, de los políticos que asumen la responsabilidad de gestionar los intereses de una sociedad, de esas personas que supuestamente gobiernan, legislan y tienen en sus manos el futuro social de una Extremadura tan rica ambientalmente y tan pobre culturalmente porque los que gobiernan no asumen la responsabilidad que supone materializar una cultura ambiental de calidad en arma de progreso social.
El potencial humano que existe en algunas ONGs extremeñas ha conseguido que esta tierra conozca y proteja su extraordinario patrimonio natural y exporte calidad ambiental de alto nivel profesional a otros países. Y sin embargo estas iniciativas privadas sin ánimo de lucro, referencias europeas en conservación y atención especializada para la fauna salvaje pasan absolutamente desapercibidas para los que gobiernan Extremadura.
Los extremeños no podemos permitirnos el lujo de que iniciativas como la de AMUS, que salvan tantas vidas de valiosos e insustituibles animales salvajes cada año, puedan desaparecer a causa de la negligencia y pasividad de quienes tienen la absoluta obligación de apoyar este tipo de proyectos, ya que forman parte de la cultura ambiental de esta tierra.
Todos los extremeños debemos sentirnos parte de este proyecto y recordar a los representantes públicos que estas iniciativas privadas forman también parte del legado que todos tenemos la obligación de conservar para las generaciones venideras. Un pueblo sin cultura y sensibilidad ambiental es un pueblo sin futuro.
Exigimos a la administración una política real que considere a las entidades conservacionistas aliadas clave para la puesta en valor de nuestros recursos naturales y exigimos que ponga todos los recursos necesarios para garantizar a medio y largo plazo la magnífica labor de AMUS en Extremadura.